No Discriminación

Marzo 20, 2014

 

Valga primero que las opiniones vertidas en esta sección son y pertenecen única y exclusivamente al abajo firmante. Valga también, que no nacen de un ansia personal sino más bien del empuje de mis compañeros de fatigas en la Asociación. Los cuales en un ánimo de deshacerse de tantas y tantas tertulias, más bien monólogos, me han sugerido, casi obligado a que escriba negro sobre blanco. No busquen un hilo conductor de las columnas porque cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia.

De las verduras, habladurías y otros sentimientos.

Cómete las verduras que vienen los gitanos!!! Así de inocente y bienintencionados empiezan los prejuicios, tan fáciles de inculcar tan difíciles de desintegrar. Desde la más tierna infancia nos sacuden con imágenes, estereotipos, “dichos populares”, literaturas, crónicas, “”reality shows””. Seguramente ninguna malintencionada pero tan dañinas como a momentos lo pudieron ser las “verduras”. La pregunta es ¿para qué sirven? ¿Cumplen alguna función? ¿Son motivados? Se resume sencillamente: los estereotipos en base a las diferencias más notables, hombre-mujer, negro-blanco, están motivados y se mantienen en el tiempo, en cuanto eso provoca relaciones de poder. Yo sobre ti. De esas diferencias más evidentes surgieron y aún todavía colean hechos que hablan mucho y muy mal de lo que somos capaces de hacer. Se destacan el machismo más atroz y el esclavismo. Mientras, nos hablan de integración. Que fue y aún todavía es uno de los argumentos más usados para que por ejemplo las mujeres no accedieran en igualdad de condiciones a bienes, servicios y trabajos. -Son ellas las que no quieren, esto no está diseñado para ellas, ellas no son capaces… Al final el diferenciado, el discriminado tiene la culpa. Lo contrario sería aceptar muchas de las miserias humanas por las cuales no se justificarían ciertos status de poder. La integración viene a ser eso de “allí donde fueres haz lo que vieres”. ¿Lo Ven? otro dichoso dicho!! Y tal vez habría que repasar esos mecanismos tan automáticos en las personas. Yo creo que los problemas empiezan cuando a todo odio al diferente o discriminación le terminamos poniendo apellidos. Al odio al extranjero lo nombramos xenofobia, al odio a las mujeres machismo, al odio a otras razas racismo, al odio al homosexual homofobia. Los sentimientos negativos al diferente no se deben medir en términos relativos sino más bien absolutos. Este mecanismo lo ponemos en marcha en cuanto de ello podemos tener de ventajoso respecto al diferenciado o discriminado. Esto es, quien es un racista hoy, será un machista mañana si de ello puede sacar ventaja.