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JULIA CHÁVARRI

Para payos y gitanos era casi gitana. Sus 40 años de dedicación exclusiva a esta etnia le han hecho merecedora de un estatus especial dentro de la jerarquía calé. Nacida el 12 de Diciembre de 1931 en Cenicero, La Rioja.

En 1968, siendo aún religiosa, desde Cáritas Diocesana, comenzó a trabajar directamente con los gitanos. Le impactó tanto verlos entre chabolas, que decidió dedicarse a ellos. Entonces estaban en lo que se llamaba “el campo de las basuras”,(frente al cementerio de Santa Isabel), y en otros 2 campos. Estos 3 asentamientos se unificaron en el que se llamó “Campo de Lakua” viviendo en condiciones infrahumanas, cerca de donde hoy está el Gobierno Vasco.

A principios de los 70, Manuel Mª Lejarreta, alcalde de la ciudad, decidió erradicar el chabolismo de Vitoria, y se reunió con los patriarcas gitanos para decidir la ubicación del poblado Gao Lacho Drom (pueblo del Buen Camino).

Era un albergue de adaptación social. El objetivo fue salir de las chabolas para ir a un sitio donde había agua, luz y unos servicios muy rudimentarios. Se hizo así para que no pasasen del chabolismo a las viviendas sin haber desarrollado antes las habilidades necesarias para una convivencia y preparación de adaptación social.

Una vez construido el poblado, la lucha la continuó reivindicando la construcción de una escuela para los niños/as de ese asentamiento, que se construyó gracias a la campaña que emprendió en los centros escolares de Vitoria llamada “ladrillo a ladrillo”.

Más tarde tuvo que optar entre la vida religiosa y la labor social y educativa que realizaba con los gitanos y, como no podía ser de otra manera, decidió trabajar expresamente con y para ellos y se fue a vivir a Gao Lacho Drom. Siguió con la enseñanza, pero en la escuela del poblado. Se hizo cargo de la dirección del colegio y del trabajo social.

En el poblado GAO LACHO DROM estuvieron once ( se cerró en el 83) años. Fue una gran lucha que duró hasta que el propio albergue comenzó a hundirse. La gente fue saliendo entre 1981 y 1983, con un préstamo del Ayuntamiento, y fueron distribuyéndose por distintos barrios de Vitoria.

A Julia, le costó que los gitanos le aceptaran, por ser mujer y paya. No se fiaban, pensaban que les engañaría, pero todo cambió en cuanto vieron que aquello era firme, y que año tras año se jugaba el tipo por ellos. Era el tiempo del franquismo y había que dar la cara ante jueces e instituciones, a veces muy duras y poco comprensivas con ellos. Para Julia fue difícil, porque los payos le identificaban con los gitanos y para los gitanos todavía no era de su raza.

En 1.984 el Ayuntamiento de Vitoria le concedió el primer premio a los derechos humanos “JESÚS DE GALÍNDEZ”.

En el año 1.991 el Departamento de trabajo y seguridad social del Gobierno Vasco concedió a la Asociación Gitana GAO LACHO DROM que ella misma promovió el premio SUSTATU a la labor social.

Todos los partidos estuvieron ayer representados en un intento de dar calor a la familia y a los gitanos, «ahora un poco huérfanos porque fue para mí como una segunda madre. Sigue con nosotros en todo lo que hacemos », evocó Bartolomé Jiménez, al que se le desbordaron los sentimientos y las lágrimas, comoamuchos en el acto. «Ella era diferente y nos ayudó a entender que nuestro reto inmediato es la educación», añadió Jiménez. «Teníamos que hacer justicia con Julia desde el corazón. Ella representa un valor esencial de la identidad vitoriana», precisó el alcalde Patxi Lazcoz. Una sobrino nieto, Javier Fernández de Bobadilla, agradeció las muestras de cariño para alguien «con mucha fe que entregó su vida entera por la integración de los gitanos ».